En mi cuento “Entre cargas y latidos” quise contar una historia de amor entre Na, que es el Sodio, y K, que es el Potasio. Elegí estos dos elementos porque pertenecen a la misma familia de la tabla periódica y, por sus características, normalmente no deberían unirse. Sin embargo, imaginé qué pasaría si, a pesar de eso, surgiera entre ellos un sentimiento que no pudieran controlar. Utilicé los electrones, las cargas y las reacciones químicas para representar lo que sentimos cuando nos enamoramos, porque a veces el amor también nos altera y nos hace actuar de maneras inesperadas. Aunque al final los científicos los separan, su conexión no desaparece por completo. Con este cuento quise expresar que algunas uniones parecen imposibles, pero pueden ser muy intensas y dejar una huella que permanece para siempre.